Nombres Mayas

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El sabio norteamericano Dr. Sylvanus G. Morley, quien fuera un eminente arqueólogo Mayista, concluyó que los antiguos Mayas tenían tres y, a veces, hasta cuatro nombres diferentes: 1ero.- Su “paal kaba” o nombre de pila. 2do.- El apellido de su padre. 3ero.- Su “naal kaba”, o sea, los apellidos combinados de su padre y su madre, y 4to.- Su “coco kaba” o apodo.

Estudiosos de las costumbres Mayas relatan que, al nacer, el niño era llevado ante un sacerdote, quien hacía su horóscopo y le daba el nombre que debía llevar durante la niñez.

En el caso de los varones, el “paal kaba” iniciaba con el prefijo H (sonido aspirado similar a la J); para las niñas se utilizaba X (Ix). A estos prefijos se les agregaban nombres de mamíferos, reptiles o aves. De ese modo quedaban conformados nombres, tales como:
J Balam (jaguar) y X Cuat (serpiente). Los investigadores continúan explicando que, a partir de la pubertad, niños y niñas portaban el apellido de su padre. De tal suerte, si el progenitor de los personajes que estamos usando a manera de ejemplo, se apellidaba Chel, éstos cambiaban su nombre por Ah Balam Chel e Ix Cuat Chel, respectivamente. El patronímico era adquirido mediante una ceremonia llamada bautismo, en la cual un sacerdote salpicaba con agua de lluvia a un grupo de muchachos y muchachas, y luego los invitaba a quemar incienso y maíz molido en un brasero.

Terminado el ritual, el brasero era trasladado lejos del pueblo, alejando para siempre los espíritus malignos. Desde ese momento, a los jóvenes se les consideraba aptos para contraer matrimonio. Los Mayas peninsulares se casaban muy jóvenes, en ocasiones apenas cumplidos los doce o trece años. Al contraer nupcias, tanto el hombre como la mujer, modificaban por segunda vez su nombre, dando paso al “naal kaba”.

El “naal kaba” sustituía al anterior y se componía por el prefijo “Na” más el apellido de la madre, que era seguido por el del padre. Así, si la mamá de Ah Balam Chel o Ix Cuat Chel se apellidaba Chan, los nuevos nombres serían Na Balam Chan Chel y Na Cuat Chan Chel,
respectivamente.

Con los Mayas se confirma que, en el origen de todas las civilizaciones, hallamos la creencia de que otorgar un nombre concede poder sobre quien lo recibe, es como determinar su destino y posibilidades, pues –aunque nos cueste aceptarlo- el nombre va moldeando la personalidad a lo largo de la vida.

Por: Yurina Fernández Noa
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